El Roncudo, un lugar de sensaciones.
En la villa marinera de Corme, situada en Concello de Ponteceso (A Coruña) y podríamos decir que en el corazón de la Costa da Morte, se encuentra el Cabo del Roncudo, un paisaje de mar duro, de viento, de luz y sonido.... de sensaciones, un lugar de Galicia que merece la pena visitar en más de una ocasión.

Debe su nombre al sonido que provocan las batientes y constantes olas contra la roca granítica característica de Galicia, una roca que sirve de morada a uno de los frutos del mar más codiciados y que aquí en el Roncudo alcanza su máxima virtud. Hablamos claro está del percebe, ese extraño ser que nos hace sentir en la boca todo un cúmulo de sensaciones de intensidad comparable a las que transmite el lugar del que proceden los mejores, el Cabo del Roncudo.

Nada más llegar a través de la estrecha pero bien asfaltada carretera que une el pueblo de Corme con el Cabo, uno se da cuenta de que está en un lugar especial, aminora la marcha del coche y deja que sus ojos paseen la mirada a través del cristal. Llama la atención el faro, pequeño, tan sólo 11 metros de altura, y de arquitectura simple, pero ubicado en el lugar correcto. Admite muchos puntos de vista, pero yo me quedo con este, con su estrecha senda de asfalto desgastado por la intemperie y el nublado cielo de fondo.

En un día de viento y frio, bajarse del coche es un reto, pero necesario para sentir la dureza de esta costa y para acercarse a los verdaderos iconos de este lugar, y posiblemente de toda la Costa da Morte: las famosas y archifotografiadas cruces del Roncudo. Contemplarlas sobrecoge.

Cuando las ves por primera vez te preguntas sin son un testimonio del pasado o un presagio del futuro. Ofrecen un matiz emocional más en un paisaje ya de por si abundante en emociones.

Sin duda advierten, pero son también memoria de percebeiros que dejaron su vida en un trabajo seguramente excitante pero extremadamente peligroso, en el que siempre hay una ola al acecho del descuido, o del paso mal dado, para robar para siempre la vida.

Definitivamente este conjunto paisajístico, en el que se entremezclan los elementos naturales con los sentimientos, el viento y el sonido del océano con el respeto y la memoria, es un lugar que debe ser conocido, y desde aquí animo a ello, porque a buen seguro esa parte etérea de nosotros que llamamos alma lo agradecerá.


aramon dijo
Magnifico reportaje Manuel, como siempre tus fotografía es magnífica.
Un fuerte abrazo.
10 Enero 2009 | 11:32 PM